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La hipoacusia es la disminución de la capacidad para oír sonidos. Puede ser congénita (presente desde el nacimiento) o adquirida (aparecer más tarde durante la infancia). Puede afectar a uno o a ambos oídos y presentarse en diferentes grados, desde pérdidas leves hasta profundas. La audición es la puerta de entrada al lenguaje. Durante los primeros años de vida —especialmente hasta los 3 años— el cerebro de su hijo presenta una extraordinaria plasticidad para aprender a comunicarse. Este periodo es crítico para el desarrollo del habla y del lenguaje. No todos los niños con hipoacusia son sordos profundos. Muchos presentan pérdidas auditivas leves o moderadas que pueden pasar desapercibidas si prestamos suficiente atención. La pérdida auditiva afecta al desarrollo del lenguaje y a la comunicación. Puede manfestarse como: retraso en la aparición de las primeras palabras, dificultades para escuchar cuando hay ruido de fondo, un lenguaje más pobre que el de otros niños de su misma edad, problemas en el aprendizaje de la lectura y la escritura, o dificultades para mantener la atención en clase. Asimismo, la dificultad para comprender puede dificultar la realización de actividades grupales, favoreciendo que el niño permanezca más aislado o callado y afectando a su autoestima. Por tanto, si durante el desarrollo del niño o la niña se observan dificultades en el lenguaje, la atención o el aprendizaje, es muy importante realizar una evaluación audiológica para descartar la presencia de hipoacusia. No obstante, descartar una hipoacusia no siempre es suficiente . Niños normoyentes, con umbrales auditivos en torno a los 20 dB, pueden presentar dificultades en la discriminación fonológica, en la percepción del habla en entornos ruidosos o en el procesamiento temporal de los sonidos. Cuando estas dificultades están presentes, pueden afectar al correcto desarrollo del lenguaje oral y escrito, provocar problemas para mantener la atención en clase y comprometer el normal desarrollo del aprendizaje. Por este motivo, es importante distinguir entre la interpretación de una audiometría desde un punto de vista estructural y desde un punto de vista funcional . En audiometrías infantiles, umbrales cercanos a los 20 dB indican la ausencia de problemas estructurales en la audición, pero no descartan la existencia de dificultades funcionales en el procesamiento auditivo, que constituye la base para el desarrollo del lenguaje oral y escrito, la atención y la memoria. La intervención mediante estimulación neuroauditiva en niños que presentan dificultades auditivas de tipo funcional permite mejorar los umbrales auditivos y favorecer el desarrollo del lenguaje oral y escrito, la atención y los mecanismos de aprendizaje. Estudio relacionado: Welch, D., & Dawes, P. J. (2007). Variation in the normal hearing threshold predicts childhood IQ, linguistic, and behavioral outcomes. Pediatric research, 61(6), 737–744. https://doi.org/10.1203/pdr.0b013e31805341c1


